A
veces ocurre que el tiempo se nos escapa de las manos, como una vida frágil que
se nos escurre del pensamiento. Nuestros seres queridos vivirán eternamente si
existen en nuestro recuerdo. Recuerda los buenos momentos y malos porque de ahí
nace la vida. El tiempo es infinito, interpretable, impagable, incomestible.
Quiere mas que nunca porque es como te
recordarán, recuerda esos momentos que te hacen pensar, piensa en
aquellas personas que te hacen sonreír, sonríe en cada instante, en cada gota
de razón que te quede. Razona en cada instante como si fuera el primero y
nunca el último. Ultima lo que quieres, agárrate a la vida como si de una alma
tangible se tratara y no como si de una cuerda débil, que se despedaza, que no
resiste tus impulsos, impulsa tu verdad como si fuera la única y aprecia el
resto de verdades que llegarán a formar parte de tu vida.
Es aquí en donde nace mi existencia, el
tiempo es algo latente, un organismo vivo que aprende y deja pasar lo malo, lo
bueno y todo lo que le permites. Un reloj del que das cuerda tan sólo cuando te
acuerdas, por eso abrázalo, quiérelo como si fuera tu último minuto. Me permite
existir, de ahí sale la fuerza para tirar adelante, porque si mides tu
existencia en tiempo y no en tus creencias, sentimientos y latidos frenéticos,
estarás perdiendo todo aquello que aprecias.
Un arma de doble filo, una mirada hacia
el infinito, un ínfimo grano de arena que se acurruca entre tus manos, débil,
desprotegido, esperando a ser querido. Cosecha la paciencia, no esperes que el
tiempo arregle tu puzle, porque habrá ganado el tiempo. Aprovecha cada
instante, cada sensación, cada vivencia para poder decir y convencerte: éste es
mi tiempo, aquí estoy yo, este es mi momento, ésta son mis cartas, echadas
sobre la mesa, se jugar y aunque juegue despacio, tic tac tic tic tac tic
tac..., juego con el tiempo. Aprovéchalo.
Para aquella persona que valora el
tiempo como su mayor tesoro. Esto es tan solo… mi recuerdo.
